David Pynchon mirant l'abisme...

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Algunos hombres buenos

dimecres, 9 octubre, 2013

Anem diversificant un poc la oferta destarifera. Després de tanta acció igual toca canviar una miqueta. No deixa de ser acció però també és una pel·li de juís, que tant agraden en Estats Units. La que ens ocupa és Algunos hombres buenos de la que reproduisc la escena segurament més famosa.

Sense ser una meravella la pel·li aconsegueix entretindre, juga molt bé les seues cartes. El casting és el seu fort: amb Jack Nicholson que sempre és una garantia, un Tom Cruise que ja era una superestrela, Demi Moore, Kevin Bacon, Kiefer Sutherland… Rob Reiner explota molt bé la telegènia dels actors i els enfronta creant alguns diàlegs i escenes per al record.

La història és molt simple, la mort del marine Santiago és investigada per un advocat (Cruise) jove i idealista. Pel camí s’ha d’enfrontar a la imponent figura d’un coronel profundament patriota i defensor d’un codi que prima la seguretat nacional del país per damunt de les persones i del que calga.

Un títol habitual per les vesprades en qualsevol canal autonòmic i que encara hui en dia aconsegueix bones audiències. Gràcies a ell li hem dessitjat a algun veí que li aplicaren un “código rojo” un diumenge de matí.

Jessep: Nosotros cumplimos las órdenes hijo. Cumplimos las órdenes o la gente muere, así de simple. ¿Está claro?.

Kaffee: Sí, señor.

Jessep: ¿Está claro?!!

Kaffee: Cristalino. Coronel, sólo otra pregunta antes de llamar al aviador O’Malley y a la aviador Rodríguez. Si usted dio la órden de que no se tocara a Santiago y sus órdenes siempre se cumplen, ¿por qué iba a estar Santiago en peligro? ¿por qué iba a ser necesario trasladarle de la base?.

Jessep: Santiago era un marine de muy bajo nivel. Iba a ser trasladado…

Kaffee: ¡Eso no es lo que ha dicho! Ha dicho que iba a ser traslado porque corrí un grave peligro.

Jessep: Es cierto, pero…

Kaffee: Ha dicho “corría peligro”, y yo, “¿un grave peligro?”, y usted…

Jessep: ¡Recuerdo lo que he dicho!

Kaffee: Puedo hacer que el taquígrafo le vuelva a leer la…

Jessep: ¡Ya sé lo que he dicho! ¡No hace falta que me lo lean otra vez como si fuera un niño!

Kaffee: ¿Por qué las dos órdenes coronel?

Jessep: A veces los hombres resuelven los asuntos por su cuenta.

Kaffee: No, señor. Ha dicho hace un momento que sus hombres no resuelven los asuntos por su cuenta. Cumplen órdenes o la gente muere. Así que Santiago no debía de correr peligro ¿verdad coronel?.

Jessep: Insolente enano bastardo.

Ross: Señoría, quisiera pedir un receso.

Kaffee: Quisiera obtener una respuesta señor juez.

Randolph: El tribunal esperará una respuesta.

Kaffee: Si el teniente Kendrick dio la órden de que no se debía tocar a Santiago, ¿por qué había de trasladarle? ¿Coronel?. El teniente Kendrick ordenó el Código Rojo porque eso fue lo que usted le dijo que hiciera.

Ross: Protesto!

Kaffee: Y cuando todo salió mal dejo en la calle a estos dos, hizo que Markinson firmase una órden falsa de traslado, amañó los libros de vuelos, coaccionó al médico y ahora le pregunto. Coronel Jessep, ¿ordenó usted el Código Rojo?!!!!

Randolph: No tiene que responder a esa pregunta.

Jessep: Responderé a la pregunta. ¿Quieres respuestas?

Kaffee: Creo que tengo derecho…

Jessep: ¿Quieres respuestas?!!!

Kaffee: Quiero la verdad!!!

Jessep: Tú no puedes encajar la verdad!!! Vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros han de estar vigilados por hombres armados. ¿Quién va a hacerlo? ¿tú? ¿usted teniente Weinberg?. Yo tengo una responsabilidad mayor de la que puedas calibrar jamás. Tú lloras por Santiago y maldices a los marines. Tienes ese lujo. Tienes el lujo de no saber lo que yo sé: que la muerte de Santiago, aunque trágica, seguramente salvó vidas y que mi existencia, aunque grotesca e incomprensible para ti, salva vidas. Tú no quieres la verdad porque en zonas de tu interior de las que no charlas con los amiguetes me quieres en ese muro, me necesitas en ese muro. Nosotros uasmos palabras como honor, código, lealtad. Las usamos como columna vertebral de una vida dedicada a defender algo. Tú las usas como gag. Y no tengo el tiempo, ni las más mínimas ganas de explicarme ante un hombre que se levanta y se acuesta bajo la manta de la libertad que yo le proporciono y después cuestiona el modo en que la proporciono. Preferiría que solo dijeras “gracias” y siguieras tu camino. De lo contrario, te sugiero que cojas un arma y defiendas un puesto. De todos modos me importa un carajo a que creas tú que tienes derecho.

Kaffee: ¿ordenó el Código Rojo?

Jessep: Hice el trabajo que me encargásteis.

Kaffee: ¿Ordenó el Código Rojo?!

Jessep: Por supuesto que lo hice joder!!

Algunos hombres buenos, Rob Reiner (1992)